Desde un campo de refugiados

Mi nombre es Sila, tengo 29 años y hace cinco que abandoné mi país, Sudán, para huir a Chad. Los janjaweed mataron a nuestros maridos y a nuestros padres. También asesinaron a mi hijo mayor cuando intentó defendernos en uno de los ataques nocturnos. Luego pasaron sobre él con sus caballos y lo arrastraron hasta las afueras de nuestro pueblo en Darfur. Tenía nueve años.

Caminamos ocho días por el desierto sin comida, sólo con un recipiente con agua que no duró lo suficiente. Uno de mis pequeños, de cinco años, murió por el camino. Nos bombardearon los aviones. Nosotras podíamos correr, pero los ancianos no. Tras ocho largos días, llegamos a Chad. Sólo queríamos agua. Nos quemaba la garganta, la boca, todo el cuerpo. Llevábamos tantos días sin beber que muchos vomitaban con los primeros sorbos de agua que nos daban las organizaciones humanitarias que trabajan en el campo de refugiados de Goz Amir…

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    Día 10: PAZ
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